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Economía política internacional
Con ejemplos de América Latina
Ao. Univ. Prof. Dr. Andreas Novy
Departamento para el Desarrollo Urbano y Regional de la Universidad de Economía de Viena
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 up 2 Teorías económicas
 up 2.2 La teoría neoclásica

2.2.2 Leon Walras

La principal contribución de León Walras (1834-1910) al desarrollo del análisis económico lo constituye la teoría del equilibrio económico general. Aun cuando el tema de las relaciones entre mercados distintos había sido objeto de estudio por parte de anteriores teóricos, antes de Walras ningún economista había logrado construir un modelo teórico general que sirviera de marco para estudiar las múltiples relaciones que vinculan un mercado con otro. Según Walras, la actuación concreta de las fuerzas de la oferta y la demanda en un mercado depende de los precios que se establecen en muchos otros mercados. De ahí la necesidad de un análisis general.

En la concepción walrasiana, la economía está formada por una pluralidad de sujetos que están presentes en el mercado ya sea como consumidores, como oferentes de servicios productivos, eufemismo utilzado por Walras para referirse a la fuerza de trabajo (mano de obra), o como empresarios. El proceso económico, para el autor, nace del encuentro, en el mercado, de estos distintos sujetos: los servicios productivos son adquiridos por los empresarios y transformados en bienes los que a su vez son adquiridos, o bien por otros empresarios, que se sirven de ellos con fines productivos, o bien por los consumidores finales. Estos últimos son aquellos que han proporcionado los servicios productivos a los empresarios y que compran los bienes producidos por ellos, gastando la renta que han obtenido a cambio de dichos servicios productivos.

En este esquema no había lugar para el concepto de clase social. Por el contrario, existían dos grupos de individuos diferenciados entre sí: el de los consumidores y el de los empresarios, y la diferencia se basaba únicamente en la diversidad de las decisiones que estaban llamados a tomar. El conjunto de los consumidores decidía la composición y el nivel de consumo y por tanto del ahorro; el conjunto de las empresas decidía el nivel y la composición de la producción y de la inversión. Las decisiones de los consumidores no dependían del tipo de renta que obtenían, sino sólo de su volumen. Los que brindaban sólo servicios productivos podían llegar a ahorrar parte de sus ingresos que luego a su vez les generaban renta.

El hecho de que la renta de un individuo provenga en un 80% de trabajo y en un 20% de capital o viceversa no establecía diferencia alguna. Al desvanecerse el vínculo entre categorías de renta y pautas de gasto, se rompía al mismo tiempo el vínculo entre salarios y beneficios por un lado, y entre consumo e inversión, por el otro.

Cada agente en la economía y al inicio de cada período poseía una determinada cantidad de bienes y tenía la capacidad de prestar ciertos servicios: como trabajador, podía ofrecer horas laborables; como empresario, podía proporcionar servicios relativos a la organización y el control de la actividad productiva. Cada uno trataba de conseguir los mejores resultados del intercambio. Los consumidores-ahorradores trataban, en primer lugar, de determinar qué distribución de su propia renta entre consumo y ahorro les proporcionaba la relación más satisfactoria entre consumos presentes y consumos futuros; en segundo lugar, intentaban determinar de qué modo la renta consumible debía repartirse en la adquisición de los diversos bienes para obtener la máxima utilidad. Los empresarios intentaban conseguir el máximo beneficio de su actividad, es decir, maximizar la diferencia entre el valor de la producción y los costos soportados por ésta.

El equilibrio económico general

El problema central de la teoría de Walras consistía en mostrar como los intercambios voluntarios entre individuos bien informados, autointeresados (cada cuál piensa en sí mismo) y racionales (cada cuál adopta un comportamiento maximizador) conducían a una organización sistemática de la producción y de la distribución de la renta que resultaba eficiente y mutuamente beneficiosa. Y en esto radica la peculiaridad del problema: en que la única forma admitida de interacción social es la que se llevaba a cabo en el mercado por medio del intercambio voluntario, ni los sindicatos, ni los grupos de presión, ni los cárteles de empresas, ni otros tipos de actuación social eran admitidos, ya que se violaría un requisito fundamental del modelo de equilibrio económico general: el de la competencia perfecta.

Para explicar el hecho de que el mercado coordine las acciones de los sujetos individuales, Walras debió demostrar que existían precios determinados de manera tal que hacían que resulten ventajosas para cada individuo precisamente aquellas actividades e iniciativas que satisfacían de manera eficiente sus necesidades. He aquí por qué la teoría de los precios ocupó un lugar central en el sistema del equilibrio económico general.

Una economía se halla en equilibrio competitivo walrasiano si existe un conjunto de precios tales que:

  • en cada mercado la demanda iguala a la oferta
  • cada operador tiene la posibilidad de vender y comprar exactamente lo que tenga proyectado;
  • todas las empresas y todos los consumidores tienen la posibilidad de intercambiar precisamente aquellas cantidades de mercancías que maximizan, respectivametne, sus beneficios y utilidades.
  • Para poder llegar al equilibrio general se necesitaba del ”subastador” y el ”empresario Sísifo”. Veamos de que se trata:

    El modelo de formación de los precios en el que se basa la teoría walrasiana del intercambio es el de la contratación competitiva. El subastador voceará los precios de cada mercancía y dejará que los agentes económicos formulen sus propuestas. Si en correspondencia entre los precios voceados y propuestos, el subastador registra que para cada mercancía la oferta y la demanda se igualan declarará cerrada la contratación, y estos serán los precios de equilibrio. En caso contrario el subastador ajustará los precios de acuerdo a esta regla: aumentar los precios de los bienes cuando hay exceso de demanda, y reducirlos cuando hay exceso de oferta, el proceso continuará hasta la anulación de todos los excesos de oferta y de demanda y la cotización final se registrará como precio de equilibrio.

    Veamos el empresario Sísifo: para Walras, la empresa está en equilibrio cuando el beneficio se anula a causa de la competencia entre empresarios. El empresario walrasiano compra los insumos que necesita para producir su producto, pagando por ello los precios fijados por el subastador. Si los ingresos superan a los costos, el empresario registra un beneficio positivo o viceversa. La existencia de un beneficio positivo o negativo, constituye un síntoma de desequilibrio y reacciona aumentando la escala de producción cuando el beneficio es positivo y disminuyéndola cuando es negativo. ”Por lo tanto –escribe Walras- en un estado de equilibrio los empresarios no tienen ni beneficios ni pérdidas”.

    Para describir la interacción entre compradores y vendedores, Walras construyó un sistema de ecuaciones simúltaneas.

    Walras y la ciencia económica pura

    El impacto de Walras en la evolución de la teoría económica neoclásica fue enorme. Ningún otro economista anterior a él había logrado construir un modelo teórico y un método analítico tan vasto y versátil.

    Sin embargo, su obra pasó casi inadvertida en Francia durante los 25 años siguientes a su publicación, sólo a partir de la década de 1950 la actitud de los estudiosos franceses con respecto a él empezó a cambiar radicalmente. No ocurrió lo mismo con los italianos, entre los cuales Pareto fue gran admirador y ferviente propagandista de la obra walrasiana.

    Walras trató siempre de mantener una clara distinción entre valores morales y ciencia. Para él la ciencia «pura» no debería verse invalidada por juicios de valor: «característica distintiva de una ciencia, afirmaba, es su completa indiferencia a las consecuencias, buenas o malas, con las que avanza la búsqueda de la verdad pura».

    Su posición política fue una mezcla de liberalismo a la antigua usanza y la doctrina de la intervención estatal. Hoy esto se puede designar como socialliberalismo.

    Walras expulsó totalmente el concepto de ley natural del razonamiento económico. Fue un severo crítico de la dicotomía clásica entre precios naturales y precios de mercado, así como de todo lo que derivaba de dicha distinción. Para él, finalmente, el análisis económico no tenía ni podía tener ningún vínculo con las medidas de política económica: como positivista siempre mantuvo claramente diferenciados el plano normativo y el plano positivo.

    Curiosamente y en un alarde digno de los alquimistas a la hora de recomendaciones en materia de política económica contradecía su propia teoría.

    Por ejemplo, Walras proponía: la nacionalización de los monopolios naturales; la estabilización de los precios por parte de la autoridad monetaria; el mercado de capitales, cuya eficacia y fiabilidad debería asegurar el Estado; la adquisición de tierras por parte del Estado y la cesión de su uso a los agentes particulares, con el fin de incrementar los ingresos gubernamentales. Por último vale la pena señalar que Walras se definía a sí mismo como «socialista científico».

    Fuente: Screpanti Ernesto, Zamagni Stefano (1997): Panorama de historia del pensamiento económico. Editorial Ariel, S.A. Barcelona.

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