La utopía de la participación está abierta y en permanente cambio y no puede, a diferencia de las utopías tecnocráticas y normativas, nombrarningúnpretendido estado final. La creatividad y libertad humana excede la fuerza de la imaginación del pensamiento de hoy. La esencia humana común se caracteriza porque cada nuevo ser que viene al mundo trae consigo la posibilidad de realización de una nueva utopía. “Que se confíe en el mundo y que se pueda esperar del mundo, no está quizás en ninguna parte tan bellamente expresado como en las palabras del oratorio de navidad que anuncian “el alegre mensaje”: nos nació un niño””. (Arendt 1981:243)
Como utopía, en cuyo centro está la organización de la comunidad, debe unirse la utopía de la participación con la tradición democrática de las ciudades estados griegas. La antigua Polis fue el primer espacio de poder donde se hizo realidad la igualdad de derechos de los propietarios en libertad y la buena vida. Fue este un experimento social grandioso, aunque basado en un claro orden de dominación que excluía a las mujeres, los esclavos y los niños.
La segunda referencia importante para una visión de la participación es la revolución francesa, la que desde entonces se debe nombrar cada vez que se piense en una utopía concreta que contenga los ideales de libertad, igualdad y fraternidad, que hoy bien puede denominarse solidaridad.
Lamentablemente en la discusión entre izquierda y derecha, entre liberalismo y socialismo, frecuentemente se discute como una contraposición, libertad frente a igualdad. En tanto se prioriza la libertad se coloca a la igualdad en un segundo plano. Cuando la izquierda acepta esa concepción y valorización, ya ha perdido la discusión ideológica. En lo que sigue se propone con el concepto de la participación, una visión concreta que, a partir de una redefinición de libertad e igualdad, la libertad ocupa el punto central de un proyecto político progresista. Libertad e igualdad emergen así como conceptos inseparables. |