Una gran cantidad de investigadores proyectan conceptos normativos de desarrollo, no todos son meros deseos piadosos y charlas dominicales. Martha Nussbaum, en estrecha colaboración con Amartya Sen, describió a partir de Aristóteles que las aptitudes básicas del hombre son parte esencial de una buena vida. Investigadores objetivos no llegan a establecer una relación en torno a una posición normativa.
Nohlen y Nuscheler definieron un concepto universal de desarrollo como un “pentágono mágico” del desarrollo, el crecimiento económico, el trabajo, la igualdad y la justicia, la participación y la democracia y, finalmente, la independencia y la autonomía. En consonancia con estas reflexiones surgieron muchos indicadores de desarrollo, a través de ellos se llegó a criticar el ingreso per cápita. Básicamente esos esfuerzos fueron las reflexiones de Sen al definir el desarrollo no como riqueza sino como libertad. En la práctica la cooperación para el desarrollo encontró su reflejo en la elaboración de los Indices de desarrollo humano (IDH) a través del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD).
El florecimiento de los indicadores y las reflexiones normativas de los conceptos de desarrollo, los que caracterizaron a los años ’90, no han impedido que en esa década el abismo entre pobres y ricos se haya hecho más profundo. Las utopías que aceptaron las estructuras capitalistas como estado final de la historia marchitaron sin esperanza los modelos futuros. La razón estriba en que no tenían ni una representación de dispositivo ni de regulación. La producción positivista de “buen desarrollo” requiere de actores capaces de actuar como los que existieron en el campo del disposivo planificado (dispositivo de desarrollo). En el modo de desarrollo nacional centralizado el Estado nacional fue ese actor. En la regulación liberal faltaron actores fuertes y con ello la producción técnico-social del desarrollo perdió sus fundamentos. |