El marxismo fue la teoría y el movimiento político que construyó un modelo mecánico de contrapoder. Ciudadanos bien formados, tanto como sindicalistas y ardientes anti-marxistas conocen el inicio del texto del manifiesto comunista de Karl Marx y Friederich Engels de hace 150 años: “La historia de todas las sociedades preexistentes es la historia de la lucha de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos, corporación de artesanos y operarios, en síntesis, una lucha que siempre termina con una reforma revolucionaria de toda la sociedad o con la extinción de la lucha de clases” (Marx, Engels 1948).
Esta afirmación del Manifiesto fue erróneamente entendida por simpatizantes y opositores. Fue leída como un texto científico siendo en realidad un documento político escrito con el propósito de producir una realidad y más que eso, declarar una verdad. Fue un texto escrito para un movimiento -el comunismo- que debía jugar un rol importante y pronosticaba el triunfo de una profecía autoproclamada. Marx y Engels quisieron producir realidad, los lectores lo vieron más tarde como un manual para hacer una revolución, como una sucesión lineal de luchas con resultados previsibles. Esto es analíticamente falso, aunque como modelo político de contrapoder fue efectivo. El movimiento de trabajadores ha conseguido cambios en el capitalismo en los últimos 150 años. Aquí surge nuevamente: Un modelo puede ser falso y no obstante en un determinada coyuntura, históricamente poderoso.
El manifiesto comunista de Karl Marx y Friedrich Engels apareció en 1848 y rebosaba de seguridad en el triunfo. En 1848 se produjo una revolución que fue derrotada con represión brutal. Esa derrota condujo a Marx a nuevas reflexiones. Los hechos lo obligaron a arrojar por la borda su modelo mecánico de interpretación. El 18 Brumario de Luis Bonaparte así lo muestra. No fue fácil para el proletariado que fue vencido por el capital; no era fácil que los oprimidos dejaran de doblegarse ante los opresores. Los pequeños campesinos franceses son al respecto un buen ejemplo. Ellos esperaban el apoyo del Estado para conseguir cambios económicos radicales. Un segundo apoyo tuvo Napoleón III, los lumpen-proletarios (hoy podríamos hablar del sector informal), los que querían un Estado fuerte que no estuviera directamente administrado por la alta burguesía. Las dos clases oprimidas se aliaron con Napoleón frente a la burguesía y el proletariado. La lucha de clases terminó con la marginación política de socialistas y liberales. Marx describió detalladamente esa confrontación que puso en evidencia el juego de la estructura y la acción, cómo los acontecimientos son significativos y, al mismo tiempo cómo un suceso provoca el siguiente a través de la fuerza de las estructuras.
La alianza populista del capital internacional con los más pobres de los pobres y el sector informal se puede observar también hoy, en el siglo XXI, como una estrategia política del establishment. Los liberales fracasaron frente a Napoleón III lastimosamente. No fueron capaces de entender la esencia del capitalismo y consecuentemente no pudieron establecer alianzas exitosas. No es una casualidad que cada liberalismo existente, para ser exitoso, selle alianzas con otros, sean ellos los socialliberales para promover cierta igualdad social o, al menos, un modelo asistencialista para los más pobres o con el liberalismo autoritario, que le asigna a un hombre fuerte la tarea de corregir los excesos. |