La deflación es la baja en el nivel general de los precios. Por lo general, se produce a causa de una caída de la demanda. Desde la crisis económica mundial de 1929 no ocurrieron grandes deflaciones. En Japón, la coyuntura económica desde finales de los años 1980 muestra fuertes elementos de una deflación moderada que va camino a una recesión sostenida. Bien podría señalarse que existe el peligro que finalmente desemboque en una fuerte crisis recesiva.
El riesgo económico político de una deflación reside en que la carga por el pago de las deudas públicas son para los deudores cada vez más pesadas. Bien puede ocurrir, como ocurre en la actualidad en USA, que las tasas de interés caigan hasta niveles cercanos al 0% con la consiguiente disminución del pago de intereses. Pero al mismo tiempo, una caída de los precios, produce un aumento del valor de la deuda en términos reales y con ello también aumenta el servicio de la deuda. Lo anterior puede traer como consecuencia muchas insolvencias.
La forma más efectiva de combatir una deflación fue desarrollada por Keynes, a través del fomento de la demanda por parte del Estado. El predominio de políticas económicas keynesianas en el periodo de postguerra conjuró por mucho tiempo el riesgo de una deflación. En la actualidad la política económica de USA, tanto la financiera como la política monetaria se orienta en el keynesianismo. Una política económica liberal y monetarista, como lamentablemente rige en Europa a partir de los criterios de Maastricht y los bancos centrales europeos, amenaza, con su temor por una política de demanda y crecimiento económico, con desembocar en procesos deflacionarios. |