Por regla general los no oconomistas se burlan del homo oeconomicus en forma grotesca. Los economistas, en cambio, lo presentan frecuentemente como la forma más alta de racionalidad de los seres humanos, como el tipo ideal de individuo con objetivos racionales. Que optimizan y pesan en cada caso en particular, qué los beneficia y a qué costo. Les resulta útil contrastar los costos con la distribución de lo ingresado. En una empresa debe maximizarse la ganancia, para los consumidores la utilidad. El homo oeconomicus aparece así como una máquina perfecta; la crítica a éste se concentra en que a menudo a las personas para tomar decisiones óptimas no les basta con ser perfectos, les falta información y tiempo.
El homo oeconomicus ocupa el lugar central en el modelo de mercado neoclásico, constituye la esencia de la verdadera economía. Si sólo fuera eso no tendría que interesarnos en adelante. El homo oeconomicus describe empero no sólo a un hombre, sino que como elemento central del concepto liberal de bienes construye una imagen del hombre que lleva consigo la producción de homines oeconomici. En el transcurso del siglo XX cada vez más hombres comenzaron a orientarse con esa imagen del homo oeconomicus. El cálculo de la optimización no quedó restringido en ningún caso al área económica, en sentido estricto la acción empresarial. El encanto del homo oeconomicus reside en que puede ser aplicable a todos los campos de actividad de hombres y mujeres.
En los años ´90 el homo oeconomicus fascinó en el marco del socialliberalismo, particularmente entre los comprometidos socialmente: Los emprendimientos sociales, la eficiencia en la realización de la ayuda social, la optimización de las instancias de ayuda para el desarrollo creó incontables homines oeconomici; todos ellos -en el sentido de Adorno- se esforzaron por maximizar las ganancias netas de sus proyectos y de sus propias vidas. Todo se mide y se calcula de acuerdo a las reglas del utilitarismo y con ese patrón se evalúa, tanto el rendimiento de una orquesta estatal en Londres, como lo que aporta el establecimiento de una Universidad en Nigeria, ¿qué utilidad podrá tener tal proyecto y por qué hacer que el dinero desaparezca en Sambia en la atención de pacientes que sufren infartos cardíacos cuando allí se carece de un sistema básico de salud? |