Las reacciones sobre los atentados al World Trade Center muestran cuán rápido cambian los discursos: repentinamente el gobierno de USA otorgó con facilidad subvenciones multimillonarias para las firmas aéreas –una típica “vetusta” medida intervencionista estatal y un claro caso de distorsión de la competencia-; el banco central bajó los intereses en contra de cualquier lógica monetarista. Año tras año los monetaristas han predicado que la economía real no sería influenciada a través de las tasas de interés y de la política monetaria. Sorpresivamente observamos como el gobierno de USA utiliza políticas keynesianas de demanda contra el autofuncionamiento de la economía, la que amenaza terminar en una recesión. Si de discursos se trata los que ejercen el gobierno no tienen ningún problema con los postmodernos y el mismo discurso dominante puede de la noche a la mañana perder su vigencia. Los discursos son de este modo sólo técnicas para imponer intereses, que ponen de manifiesto la gran flexibilidad discursiva del Establishment. El gobierno de Bush no actúa más en el dispositivo de la competencia. La organización social de los espacios libres, aún de los locales, no pueden ser tolerados, ni siquiera es seguro el espacio privado burgués cuando lo requiere la seguridad nacional. |