La libertad se funda en el respeto frente al otro y con ello en el aprecio de la variedad. La libertad requiere del diálogo. La diversidad de personas, cosas, espacios y culturas es un enriquecimiento, el que de ningún manera debe sacrificarse por una falsa comprensión de igualación.
“El espacio político en el sentido de los griegos parece un tal siempre-jamás escenario, sobre el que en cierto sentido, sólo hay una aparición, pero ninguna retirada, y en este espacio surge directo el uno con el otro, las “compartidas participaciones en palabras y acciones”” (Arendt 1981:191). |