Los empresarios europeos descubrieron el tiempo como dinero, tanto en la desestructuración de los procesos productivos, como en el comercio a distancia y en la estructuración de la economía mundial. Las grandes empresas y las compañías comerciales protegidas por el Estado se sustentan sobre un concepto claro del tiempo: Se anticipa dinero hoy con la expectativa de recibir mañana más dinero. Cuando regresan los barcos de ultramar un comerciante puede aumentar su riqueza, si no llegan es indicativo de problemas. Dinero seguro hoy o mucho más pero inseguro mañana -ése era el cálculo central de los comerciantes-. De tal manera que el tiempo hacía al capital, el rápido retorno de los barcos aumentaba la ganancia, en tanto los retrasos significaban riesgo y eventuales pérdidas. La velocidad devino así en una virtud capitalista.
La definitiva comercialización del tiempo vital es eficaz en el proceso de producción. La separación del tiempo de trabajo del tiempo de vida y su utilización tal como lo deseaban los poderes económicos fue el paso decisivo para el establecimiento de un orden social capitalista. Los campesinos en Europa al igual que en Africa fueron obligados, mediante la coerción, a vender su fuerza de trabajo. El objetivo de la compra y el uso de la fuerza de trabajo era convertir el tiempo de vida de los individuos en tiempo de trabajo. La formación de este carácter transitorio específico fundamenta el sostenimiento del reparto del poder: El poder económico obtiene derechos soberanos sobre los que venden su fuerza de trabajo durante un periodo de tiempo determinado. La disposición del tiempo de los demás constituye una característica esencial de nuestras sociedades capitalistas. |