El discurso de lo moderno está estrechamente relacionado con nuestra comprensión del espacio y del tiempo. Los nexos con las tradiciones y lugares que en el pasado eran confiables y seguros desaparecen, las tradiciones mueren y los espacios de la niñez se vuelven irreconocibles. La mirada retrospectiva fija en la inmutabilidad del ser, con identidad y certezas es expresión de la resistencia a las presunciones, o el recelo y temor a los cambios. Si el tiempo destruye todo, algo debe permanecer fijo que al menos sirva de punto de referencia, de orientación; en esa profunda nostalgia de la seguridad reside la raíz de muchos movimientos anti-modernización del mundo, desde el fundamentalismo religioso hasta el racismo y el nacionalismo. |