El tiempo es muy significativo; no obstante, en tanto lo utilizamos no pensamos en su transcurso. Sólo podemos seguir siendo en tanto realizamos algo: comer, beber, trabajar, hablar... podemos ser y no reparar en el tiempo, o mejor dicho en su devenir en tanto lo utilizamos, pero sólo durante un lapso determinado. Los cambios son los que permiten tomar conciencia del transcurso del tiempo, en tanto el espacio permanece como inmutable.
El tiempo simboliza el cambio y las modificaciones, lo nuevo y el experimento. La historia de los descubrimientos y hallazgos produce tanta admiración como las revoluciones tecnológicas y las que casi violentamente levantan nuevas ciudades. El espacio brinda identidad, seguridad y fiabilidad pero al mismo tiempo es como una cárcel, limitada y sin horizonte. El tiempo en cambio conlleva inseguridad y destrucción. Ningún edificio se sostiene eternamente así como ninguna relación perdura más allá de la muerte.
El ser como condición estática frente al llegar a ser como proceso; el ser como atemporal, el llegar a ser relacionado con el transcurrir; el ser como seguridad, el llegar a ser como futuro incierto. Esas tensas relaciones indican tanto problemas existenciales como políticos y culturales. El nacimiento, el crecimiento y la muerte constituyen los ciclos naturales de la vida. Los hombres y mujeres tienen conciencia que son y al mismo tiempo se modifican, se desarrollan hasta alcanzar la muerte.
El tiempo es importante para las sociedades experimentadas a la hora de confrontar con procesos complejos. Cuando la agricultura se vincula sólo al mero tiempo ecológico del ciclo de las cosechas, "el tiempo" no llega a ser un problema. En cambio, cuando ligadas a la agricultura se desarrollan otras actividades surge la necesidad de su coordinación. En tanto esas otras actividades están solamente vinculadas a la economía familiar, los acuerdos son relativamente sencillos. Históricamente el capitalismo introdujo no sólo la satisfacción de sus propias necesidades sino que consideró las eventuales complicaciones que resultaban de sus decisiones. Los encargos de los comerciantes no coincidían necesariamente con los tiempos ecológicos y ese tiempo anticíclico era demandado por los actores poderosos. Las materias primas debían estar disponibles en un plazo determinado con independencia que fuera o no coincidente con los tiempos de la cosecha. El tiempo del empresario impone la disponibilidad a las otras actividades. La distribución del tiempo es de esta manera un componente para la actividad económica; el tiempo es diferente para las actividades vinculadas con la economía familiar que para las demás actividades. Los empresarios son los que disponen del tiempo, descubren no sólo el propio, sino el de los otros, especialmente sus tiempos laborales. |