En el punto central del keynesianismo está la demanda. Keynes tiene en su pensamiento los supuestos de la doctrina clásica y neoclásica. En su mira está la alta inestabilidad de la demanda del conjunto de la economía. Para ingresos crecientes descienden los gastos de consumo mientras gana significado el ahorro. La gente trabaja así no exclusivamente para poder satisfacer sus deseos de consumo actuales, sino también para crear ahorros y fortuna. El ingreso producido por la totalidad de la economía de un país en un periodo, por ejemplo un año, debería llegar a ser en su totalidad demanda efectiva y todo el ahorro se debería reinvertir.
La dimensión de las inversiones en forma predominante depende menos del tipo de interés (el precio del dinero) como mucho más de las expectativas determinadas de réditos futuros. Con respecto al futuro desarrollo de la economía hay que andar con cuidado, manteniendo tanto los ahorristas como los empresarios distancia de las inversiones. Un rol decisivo juegan las expectativas en la determinación de la oferta de una economía nacional (global). Si los empresarios cuentan con caídas de demanda, revisan sus planes de producción y de inversión correspondientes hacia abajo. Los puestos de trabajo disminuirán. Keynes logra explicar con su modelo los motivos teóricos de la crisis observada. Las conclusiones más importantes permanecen: que la demanda efectiva tiene mucha importancia en el conjunto de la economía, las expectativas negativas pueden hacer que una economía en su conjunto permanezca no ocupada en su totalidad y el efecto precios (especialmente el mecanismo de la tasa de interés) no siempre está asociado con la estabilización. |