El patrimonialismo, la enajenación de los bienes públicos por parte de los que ejercen el poder, es un concepto que fue desarrollado por Max Weber. Las sociedades modernas deben reemplazar su continuo punto de vista optimista del patrimonialismo a través del establecimiento de una burocracia racional. En la periferia es desde hace tiempo conocido que el patrimonialismo sobrevive. Los países coloniales sólo pudieron en pocos casos construir una estructura de Estado en la que los dueños del poder no hayan podido apropiarse y dispuesto libremente y de modo arbitrario de las riquezas. Muchos déspotas se orientaron por lo dicho por Luis XIV, el dios sol, que afirmaba: “El Estado soy yo”. En el liberalismo autoritario se fortalecen las corrientes absolutistas de los Estados, en tanto el despotismo establece límites a través del Estado de derecho, la interrelación con otros Estados y los intereses de las empresas multinacionales. Esta dialéctica entre la dinámica propia del Estado y la dependencia de los actores no-estatales constituyen la esencia del poder de discusión en torno y sobre el Estado. |