Participación significa también pertenencia. La condición es que todos los habitantes tengan acceso a su comunidad.
En la Polis de los griegos, los hombres libres estructuraron su mundo mientras que al mismo tiempo excluyeron a la mayoría de ese mundo. La utopía de la participación debe tener la base material y jurídica de una comunidad política. Todos los habitantes deben tener la oportunidad de tener acceso al espacio político. Esto significa tener los mismos derechos, pero también tener seguridad material, la cual -desde la antigüedad y hasta el siglo XX- era garantizada por el derecho a la propiedad. Tener acceso es el requisito para el ejercicio pleno de la participación.
Acceso se ha transformado en un concepto político central, porque la economía política liberal de las dos últimas décadas produjo masivas divisiones sociales. Muchos son hoy y en muchos aspectos excluidos de la vida social. El primer y más importante objetivo de una política de participación es el pleno empleo, el que posibilita el acceso a la actividad. En la sociedad capitalista el acceso a la sociedad está estrechamente vinculado al acceso al mercado de trabajo. Es verdad que la utopía de la participación apunta a la superación precisamente del orden capitalista y quiere realizar la distribución de lo producido no solamente entre los trabajadores. No obstante se distribuyen las oportunidades de vida en el mediano plazo esencialmente en el mercado de trabajo.
Jeremy Rifkin popularizó el concepto del acceso. En su libro “Acceso. La desaparición de la propiedad” sostiene que la posesión de cosas pierde importancia ante el acceso a cosas (membresía, leasing...): “En una economía cuya única constante es el cambio, no tiene mucho sentido acumular valores”. La dialéctica del cambio y la permanencia se resuelve a favor del cambio.
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