Georg Bush Jr. inició evidentemente un nuevo estilo de política liberal autoritaria. El liberalismo autoritario une con medios autoritarios la libertad de mercado y el autoritarismo político y social.
Se sirve de la contradicción del concepto de libertad socialliberal con el enaltecimiento del individuo aislado. En la actualidad vivimos una agudización de la hegemonía liberal. Hace tiempo ya que nos movemos en la vía del liberalismo, lo que facilita la construcción de este pensamiento que se presenta casi con carácter religioso, tanto que quien expresa otro pensamiento es considerado un hereje. El credo vigente es que no existe otro mundo fuera del liberalismo. El liberalismo autoritario avanza tanto que de hecho cierra los caminos para las relaciones a los que no comulgan con él. Otro discurso distinto al liberal no es tolerado, y éste no se agota en el modelo neoclásico de mercado, sino que se basa en el autoritarismo tradicional de la familia y el poder del Estado. Los trabajos clásicos sobre el totalitarismo se escribieron sobre el nazismo alemán y el stalinismo soviético, no obstante, hasta el día de hoy diversas sociedades totalitarias fueron sometidas por dictaduras diversas. Ya hace 60 años Adorno y Horkheimer llamaban la atención sobre los elementos totalitarios que habitan en las sociedades capitalistas de masas. Esto es igualmente válido para el discurso del homo oeconomicus cuando no es una mera interpretación de la economía, sino que penetra por todos los poros en la sociedad y su discurso dominante impregna las discusiones políticas y la cultura cotidiana. Esa tendencia al totalitarismo es institucionalizada a través de la ideología del libre comercio de la OMC y fortalecida en el mercado interno de la UE. Todo está cortado por la misma tijera y apenas existen posibilidades de ponerle límites a los principios del mercado. En la actualidad se desarrolla la ideología del mercado libre desde el fundamentalismo de mercado hasta una posición totalitaria. Abordar lo social con criterio economicista promueve la transformación de todo en mercancía. Antes se aplicaba sólo al comercio con productos, ahora también a patentes y a los servicios. En la Unión Europea ya fue establecido en torno al transporte público, siguiendo esta lógica de mercado es probable que se extienda a las áreas de educación y salud. En ese sentido existe una relación entre el modelo de mercado neoclásico y los regímenes políticos totalitarios, ninguno de los dos admiten la diversidad. Ambos totalitarismos son igualmente peligrosos y no se excluyen como mostró el modelo neoliberal de Chile y su dictador Pinochet.
El modelo de mercado socialliberal perdió su carácter libre emancipatorio y lo autoritario ganó influencia. El Estado, las empresas y limitadamente también la familia asumieron la responsabilidad de establecer las relaciones sociales mediante el poder. El Estado y las empresas, pedagógicamente o a través del castigo renueva los límites del inmoral homooeconomicus. Buena parte de los países ricos no tienen problemas en caso de necesidad de poner la libertad de mercado por encima de la moral y la lucha contra el terror. La vigilancia y las limitaciones sobre el derecho de disposición de las cuentas anónimas de capital, que a veces ocultan el tráfico ilegal, significan una transgresión del fundamentalismo de mercado, el que nunca llegó a ocuparse seriamente con la defraudación impositiva, la política sobre drogas y el tráfico de armas. Es decir que en las sociedades capitalistas puede existir algo que es más importante que la libertad de los propietarios y la libertad de los mercados. Se trata de una moral que glorifica la libertad individual por encima de la religión de mercado. Junto a la libertad de elección, en el mercado el liberalismo autoritario reduce el concepto de libertad y afirma la revalorización de la coerción. Para los conservadores la pregunta sobre derecho, moral y orden es un juego de niños. Siempre han tenido problemas con todos los diferentes, aquellos que no tenían una vida normal y ordenada, sean ellos asilados, homosexuales, delincuentes menores o autodidactas. La izquierda, que en los años 90 se corriera hacia el socialliberalismo está definitivamente desorientada. Por todas partes suenan las campanas por la muerte del socialliberalismo. No a todos les fue tan mal como al presidente de Argentina De La Rua que fue expulsado de su puesto. Los demócratas de USA debieron, ya antes del 11 de septiembre, dejarle la delantera a Bush; los gobiernos socialliberales de Europa perdieron uno tras otro las elecciones y apenas quedan pocos que todavía encuentran atractiva la tercera vía de Tony Blair. Sobre el ideal de una orientación consumista, pero de un individualismo solidario, como lo propagaron los postmodernos, emerge renovada la voluntad de asumir la regulación de la totalidad social. En lugar de la diversión y los sucesos sociales de lo postmoderno regresa nuevamente al primer plano el ordenamiento de la economía y la política. La ponderación de la libertad y la opresión son nuevamente temas centrales del desarrollo mundial. |