Las contradicciones fundamentales del capitalismo perduran también en el nuevo siglo. El mundo se ha convertido en un sistema económico común, la globalización favoreció un acercamiento de los pueblos y los espacios. Pero al mismo tiempo se profundizó el abismo entre los ricos y los pobres y desde las crisis del sudeste asiático y América Latina a partir de 1997 creció drásticamente la desigualdad. Con Africa sumergida en una crisis duradera, el cambio de milenio comenzó con una crisis económica en toda la periferia. El poder y la riqueza se concentran en la tríada USA, el oeste europeo y Japón. En la historia de la humanidad nunca se vivió en condiciones de desigualdad tan notorias. Las estructuras espaciales del mundo del siglo XXI como un mundo con un centro y una periferia casi no sufrieron cambios a través de los últimos cien años. La posición de Africa, Asia, América Latina y el este de Europa, con pocas excepciones, permanecen sin cambios.
Lo mismo es válido para las estructuras al interior de algunos países: Hace 100 años los chances de sobrevivencia de los hijos de los trabajadores eran, respecto a los de las familias de la burguesía, semejantes. La polarización espacial y social que se agudizó en la actualidad es una característica de la economía mundial capitalista desde siempre. Así la concentración del poder y el espacio en manos de una minoría, tal como se observa en la actualidad, sigue siendo el problema central. Por ejemplo, en Gran Bretaña el ingreso per cápita de la población que pertenece al quintil más rico creció en el periodo 1970-1991 aproximadamente un 60%, mientras que el quintil más pobre sólo alrededor del 10%.
Ante la inseguridad generalizada apenas se percibe cómo los políticos, después del 11 de septiembre de 2001, rápidamente vuelven a ser los señores de su nación, sus gobernantes. Dependiendo del gobierno nacional bajo el que se viva será nuevamente significativa la globalización. En la era de la globalización existen muchas diferencias dependiendo del territorio al que se pertenece. De pronto la Geopolítica fue nuevamente, como la paz y la guerra, el modo de relacionarse entre los Estados. De pronto la cuestión no era contra quién se hacía la guerra sino a qué objetivos servía. De pronto los gobiernos tienen conciencia que se puede llegar a averiguar que ellos son los nombres y las direcciones de los capitales globales. El dinero no tiene ninguna marca y es muy ingenuo preguntar sobre dinero y mezclarlo con la moral, así aprendemos que el dinero del terror puede llegar a confiscarse. En síntesis, el 11 de septiembre muestra cuán frágil es el omnipotente y omnipresente pensamiento único. El dispositivo de la competencia, al que finalmente adaptó la izquierda a través de su socialliberalización, muestra rupturas y grietas profundas. |