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Economía política internacional
Con ejemplos de América Latina
Ao. Univ. Prof. Dr. Andreas Novy
Departamento para el Desarrollo Urbano y Regional de la Universidad de Economía de Viena
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 up 3.6.2 Debe: Utopía concreta
 up 3.6.2.2 Conceptos normativos de desarrollo
 up 3.6.2.2.1 Liberalismo

3.6.2.2.1.5 Liberalismo autoritario

El liberalismo autoritario es una forma de liberalismo, en la que la protección del Statu Quo de una sociedad burguesa de propietarios se posiciona sobre una economía libre de mercado. Estado y capital están entrelazados. El liberalismo autoritario es una forma agudizada de liberalismo económico donde las libertades políticas son consideradas de segundo orden frente a lo político. El orden en una economía capitalista de mercado se asienta por encima del orden político democrático. Para ello, y no ocasionalmente, es necesario un estado fuerte que con violencia impida el acceso de las mayorías a las decisiones. Teóricamente esta posición fue sostenida por F.A. Hayek y la dictadura militar chilena bajo Pinochet es un ejemplo histórico clásico de puesta en práctica de esta corriente ideológica.

Con el 11 de septiembre de 2001 no cambió el mundo de un día para otro. No obstante, hoy nos encontramos ante una nueva coyuntura del desarrollo mundial en la que se puede observar una pequeña crisis, la crisis del socialliberalismo. Las tendencias que los socialliberales blanquearon mediante una buena retórica, procesos que sólo se anunciaban, fuerzas que apenas se formaron, ganaron de pronto voluntad y poder. Los gobiernos socialliberales de los años 90 ya habían mostrado tendencias autoritarias, ya sea con la política policial de Clinton o al interior de la UE en relación a los derechos de los extranjeros o, como se pudo observar, la des-democratización generalizada de las políticas económicas. El socialliberalismo fue el que aceptó este proyecto como rumbo y modelo para todas las formas de organización. No se pueden dirigir las organizaciones no-económicas como empresas, las ONG´s transformadas de igual modo que el Estado.

Junto con la familia y un Estado fuerte esas estructuras tradicionales adquirieron una renovada relevancia. Con respecto al Estado esto conduce a una nueva variante del patrimonialismo; el fortalecimiento del ejecutivo y el rigor en los procesos de decisión favorecieron la des-democratización. Los gerentes burocráticos, que son quienes toman las decisiones en estos tiempos e imponen la voluntad general con plenos poderes, son déspotas estructurales. No todos los déspotas deben usar siempre su poder y pocas veces abusar. Pero es un hecho que hoy en día las escuelas, los hospitales, las universidades, los gerentes de ferrocarriles y planificadores urbanos han dejado de ser en gran parte controlados, mientras duran en sus cargos, por las legislaturas y la justicia frente a la población. Ellos pueden en ese tiempo hacer o dejar de hacer lo que les parece, los controles se reducen y las evaluaciones se suelen hacer posteriormente, con una eventual presencia mientras los contratos están vigentes o, tras nuevas elecciones. El legislativo pierde cada vez más significado, los medios masivos de comunicación apenas dejan espacio para una discusión pública razonable. Con ello la discusión democrática entre el gobierno y la oposición queda reducida a luchas visuales en los medios como ocurre en las conferencias de las Naciones Unidas, en las que los jefes de Estado del mundo se dirigen infructuosamente a los presidentes de USA o a los gobernantes de los países ricos, ya se trate de reclamos sobre la protección climática, la prohibición de armas bactereológicas o la autorización para la creación de un tribunal de justicia internacional. En los países los gobiernos nacionales esgrimen, legitimados por elecciones o no, el derecho de representación por un tiempo, que es autoritario y casi monárquico. La denuncia de los argumentos de la oposición tanto como los de una minoría son la expresión de la falta de comprensión del Estado de derecho. Políticamente esto es la representación de un “absolutismo sobre el tiempo”, es una dictadura constitucional de la mayoría. La separación de poderes en el “Estado empresario” parece obsoleta, vestigio del pasado. El razonamiento esgrimido es que cuando las privatizaciones son económicamente útiles, los jueces no deben arriesgar los programas de saneamiento económico mediante “sutilezas jurídicas”. Esta forma de “Estado empresario” difícilmente puede ser democrático, mucho menos una “escuela empresa” o una “universidad S. A.”

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