El socialliberalismo incorpora un nuevo modelo de Estado en el que las áreas de educación, salud así como el sistema de pensiones y jubilaciones son, en parte, incorporadas a los mercados y en parte, se convierten en mercados; lo que de una u otra manera desvirtúa su esencia. En el socialliberalismo no existen más “derechos”, sólo asistencia ofrecida por el Estado, mediante pago y condicionada a la capacidad financiera. La privación de los derechos sociales es la esencia del socialliberalismo que implica sin dudas un paso ideológico hacia atrás. Para las clases bajas, la diferencia entre un Estado social precario cuya red, sobre todo en la periferia, está cada vez más perforada y el social liberalismo, es pequeña. En ambos casos una parte de la sociedad son ciudadanos de segunda clase, no forman parte del mercado ni pueden acceder a servicios sociales caros y adecuados. Para buena parte de la clase media, esa que ni advierte ni se resigna a aceptar su descenso social, el socialliberalismo es particularmente adverso en tanto los obliga a adecuarse al mercado para poder acceder a los servicios sociales. La clase media debe enfrentar el dilema: O pagar una escuela privada o limitar las chances de sus hijos de acceder a una profesión; o pagar un seguro de salud privado o padecer las interminables colas en los sistemas públicos de salud. El socialliberalismo ya produjo esas modificaciones en los países de la periferia, la clase media latinoamericana se ha reducido y atraviesa situaciones precarias. Entre tanto, por sobre el discurso de la certeza, buena parte de la clase media europea prefiere limitar el Estado social. |