Cuando los dictadores fueron expulsados del poder y los representantes del neoliberalismo fueron electos -en el final de los años 1980- hubo motivos para que renaciera la esperanza.
En la década de los ´90 el péndulo parecía que comenzaba a moverse en dirección opuesta. Fue un aparente paso adelante, que se puede señalar como de pequeña apariencia, que intentó acuñar el socialliberalismo. Pero no fue más que un intento estéril, acaso una pantalla o un disfraz. Tanto la “Tercera vía” propuesta por el brillante sociólogo británico Anthony Giddens, como la euforia en favor de la globalización asumida y expresada por Fernando Enrique Cardoso, -el lúcido teórico brasileño de la dependencia-, o la persistente lucha contra la pobreza, planificada bajo la supervisión de los expertos del Banco Mundial, así lo muestran; todos esos intelectuales, los mismos que frecuentemente sostuvieron posiciones contrarias al neoliberalismo, modificaron sus posiciones y se pusieron, más allá del socialismo y del conservadurismo, al servicio del poder.
Pero ¿en qué dirección avanzó en los ´90 la “Tercera vía”?
Los gobiernos socialliberales, junto con las organizaciones financieras fijaron las normas para la puesta en práctica, mejor dicho para darle continuidad, a la economía neoliberal y sostener las estructuras aunque con criterios diferenciados: En los países centrales de Europa promovieron y desarrollaron el proyecto del mercado común y una saludable política monetaria, mientras que a los países periféricos les exigieron una total apertura y liberalización económica y una política de privatizaciones como parte de las recetas del Fondo Monetario Internacional. Las correcciones al modelo neoliberal quedaron restringidas a perfeccionar aquellos sectores del comercio, acorde a la presión de la realidad, que imponía la propia cultura del capitalismo liberal, cierto respeto por el medio ambiente y los límites que la propia sociedad estaba dispuesta a aceptar.
El balance de esta etapa es por demás elocuente: A fines de la década de los ´90 el crecimiento económico del Sudeste asiático llegó a su límite, Africa continuó en el estancamiento y se profundizó la crisis en toda América Latina. Cuando las críticas fundamentadas fueron públicas fueron sobre todo fundamentalistas, sea bajo la forma de ultranacionalismo, chauvinismo del bienestar o fundamentalismo.
Cabe como crítica radical el no haber intentado desarrollar una alternativa no sólo como propuesta científica, sino como alternativa política.
Hasta las protestas de Seattle del año 1999 en contra de la Conferencia Mundial de Comercio, no había surgido ningún movimiento social y político que criticara las estructuras y políticas de la economía mundial. |