La mercantilización y la empresarización son las características que puede tener la competencia en el campo de lo social y lo político. La comparabilidad de bienes y rendimientos se realiza a través del dinero. Diferentes productos pueden llegar a compararse con otros, mientras ellos se puedan valorar en dinero. Esta estandardización incorpora a los hombres y mujeres al marco de la economía mundial, crea un mundo, concretamente un mercado mundial. Este proceso no se inventó con los cambios de las últimas dos décadas, pero fue en este periodo que alcanzó una nueva dinámica.
Pero esta universalización sólo es posible partiendo al mundo y convirtiendo cada una de las porciones en mercancías. Esta fragmentación de las cosas rompe las relaciones, separa el medio ambiente en una suma de recursos, reduce una región a la suma del capital -humano y otros capitales-. La estandardización mediante la forma de mercancías facilita su medición pero al mismo tiempo amenaza la diversidad. Desde esa posición resulta más ventajoso amenazar las formas aprovechables y no mirar atrás ni mezclarse con la historia, la cultura y la geografía. Los espacios descartados quedan despoblados, la mano de obra poco calificada es despedida, los medios de transporte obsoletos son reemplazados, métodos poco productivos no aseguran la sobrevivencia por mucho tiempo
Si con las realizaciones del dispositivo de la competencia todas las evaluaciones sociales se continuan orientando, todo y únicamente con el valor de las mercancías, esto amenaza los fundamentos de una sociedad. La civilización es directamente aquella forma de organización social, en la que también existe el espacio para lo “no útil”, como el ocio y el arte. |