Antes se pensaba que todas las montañas de la Tierra estaban constituidas de la misma manera y que el proceso que las formaba era común para todas. Sin embargo, los estudios más recientes muestran otra realidad. Existen muchas diferencias entre ellas, aunque desde el punto de vista geológico se hayan formado casi en el mismo período. Por ejemplo, hay claras diferencias entre los Alpes, la cadena de montañas mejor estudiada del mundo y los Andes, un sistema que comienza a ser explorado con mayor exactitud en las últimas décadas. La superficie de los Andes está formada principalmente por rocas ígneas. Característico de esa región son las grandes masas de granito y los extraordinarios volcanes que marcan notablemente su fisonomía y esencia. En los Alpes, por el contrario, no hay ningún volcán activo. El estrechamiento vertical de las áreas de la corteza durante la orogenia andina ha sido menos intenso que en la alpina. Es por esa razón que los Andes carecen de estructuras de mantos rocosos como en los Alpes. En el espacio andino los componentes de las montañas están yuxtapuestos (y no suyacentes). Las montañas están separadas por fosas (o graben) tectónicas. Intensas actividades volcánicas y sísmicas son fenómenos naturales que marcan aún el espacio andino. Las derivas horizontales calculadas sobre los 60 cm/año resaltan la movilidad del paquete rocoso de esta cordillera. Los desplazamientos verticales en los Alpes no sobrepasan los 2 mm/año. Los Alpes están compuestos sobre todo de rocas metamórficas y sedimentarias superpuestas en una estructura compleja de manto rocoso. Los Andes poseen además yacimientos minerales de importancia mundial, mientras que en los Alpes hubo escasas mineralizaciones. |