La explicación de que Latinoamérica esté ubicada dentro de la disposición normal de las zonas naturales – como todo el resto de la Tierra – se remonta a dos hechos astronómicos muy simples. 1. La energía para todos los procesos físicos, químicos y biológicos de la Tierra provienen casi exclusivamente del sol. Según Budyko (1978), el sol le proporciona a la superficie terrestre 331 kJ/cm² neto después de substraer la cantidad de energía reflejada e irradiada al espacio. 2. La forma casi redonda de la tierra, la rotación alrededor de su propio eje, la rotación alrededor del sol y la inclinación de la eclíptica hacen que cada latitud terrestre reciba grandes cantidades de energía solar. El efecto de la radiación solar disminuye tanto en tierra firme como en el mar a medida que aumentan las latitudes. La altura solar reducida hacia los polos ocasiona primero una prolongación del camino de los rayos a través de la atmósfera y aumenta además el tamaño de la superficie que ha de alimentarse con energía a medida que baja el sol. En consecuencia, se reciben menos radiaciones globales por unidad superficial hacia los polos. El eje de la tierra no se halla verticalmente en el nivel de la eclíptica (el nivel aparente de la órbita terrestre alrededor del sol) sino diverge en unos 23 ½° del vertical. Por ese motivo el sol no está siempre en el cenit sobre el ecuador sino su órbita aparente cambia en el transcurso de un año hasta 23 ½° en ambos lados de la línea equinoccial. En vista de ello, ambos paralelos en las latitudes norte y sur de 23 ½° han sido denominados trópicos porque el sol está en el cenit durante su órbita aparente el 21 de junio (hemisferio norte) y el 21 de diciembre (hemisferio sur) y después "gira" y vuelve al ecuador. Ahí permanece dos veces en el cenit: el 21 de marzo y el 23 de septiembre. Alrededor de las regiones polares también se producen condiciones particulares de luz en los paralelos de latitudes que se hallan a una distancia de 23 ½° de los polos: ahí ocurre el fenómeno del día y la noche polares solamente en un día respectivamente: el 21 de junio y el 21 de diciembre. Al círculo polar (meridional) sólo puede llegarse si se suma la península antártica reclamada por Argentina y Chile a Latinoamérica. Mas incluso entonces queda el círculo polar fuera de las rutas de la mayoría de los barcos turísticos pues Argentina ni Chile poseen estaciones en esta región tan inhóspita. El planeta terrestre y también Latinoamérica están subclasificados en tres zonas de acuerdo con los hechos astronómicos independientemente de la forma real de la vegetación y del clima: La zona tropical entre los trópicos: El sol se detiene dos veces en cenit entre el trópico de cáncer y el de capricornio –en los trópicos, por supuesto, una sola vez. Poco marcadas son las diferencias de duración de los días y de los lados de sol y sombra. Tampoco se dan casi diferencias térmicas en el transcurso del año pero sí entre el día y la noche. Por eso hablamos del "clima de horas diurnas" de los trópicos. Sobre todo en las partes elevadas donde la media de la temperatura es menor que el límite habitual (18° C) pueden percibirse en un solo día tres estaciones (o hasta cuatro por encima de los 4.000 m): temperaturas primaverales por la mañana, estivales al mediodía, otoñales en la tarde e invernales en la noche. La zona moderada entre el trópico y el círculo polar: Las diferencias térmicas entre las estaciones también son pronunciadas –en este respecto se habla con entera razón de "clima estacional". En contraste con los trópicos, las duraciones de los días difieren de acuerdo con la estación del año. Las latitudes centrales abarcan el amplio espectro de condiciones subtropicales hasta subpolares. La zona limitada por el círculo polar alrededor del polo boreal y austral: En las regiones polares no hay crepúsculos vespertinos en verano ni auroras en invierno.  |