Los procesos tectónicos duran por lo general largos períodos geológicos y pueden ser de intensidad cambiante. Se dan casos en los que las dinámicas exógenas han superpuesto a algunas unidades del relieve de origen endógeno inidentificables en la actualidad. Tanto en las jóvenes cordilleras plegadas de los Andes como en las partes antiguas del relieve latinoamericano se observan con frecuencia sucesos de tectónicas de fallamiento. En la región de los Andes los grandes valles siguen la línea directriz surgida del proceso de plegamiento. Los procesos fluviales, glaciales y periglaciales han sido también decisivos en la deformación de los Andes. Las formaciones montañosa más antiguas de Latinoamérica (los escudos antiguos, Las Sierras Pampinas) también están afectadas por sistemas de fallamiento enormes. La reacción de los cuerpos rígidos a la presión no se manifiesta más mediante procesos de plegamiento, sino a través de fracturación. De esa manera se forman las fosas tectónicas, cuencas, cuencas tectónicas de niveles y las cordilleras de origen tectónico. Tampoco en ese caso está concluida totalmente la formación del relieve. Paralelamente a ese proceso de formación tienen lugar (hasta hoy en día) otros eventos morfogenéticos exógenos y endógenos. También en las zonas bajas de Latinoamérica se observan movimientos tectónicos que contribuyen a la génesis del relieve. Los movimientos epirogénicos afectan las placas litosféricas relativamente rígidas del subsuelo provocando el surgimiento de amplias cuencas y abombamientos, en esa área y en la superficie. |