El proceso que contribuye a la formación de rocas sedimentarias sólidas se llama diagénesis. Los espacios porosos se reducen y los granos se enmasillan unos con otros. En comparación con el metamorfismo, durante la diagénesis la materia, la estructura y la composición mineral no se transforman. Dicho proceso suele ocurrir rápidamente pero en algunos casos puede abarcar períodos geológicos completos. La diagénesis va acompañada de la disminución del volumen del espacio poroso. Las arenas recién depositadas tienen un volumen de porosidad que oscila entre un 40 y 50 %. Las arcillas alcanzan incluso valores entre un 60 y 70 %. Cuando los sedimentos sueltos están superpuestos por otros estratos comienza una compactación creciente. En dicho proceso se exprime casi toda el agua y la remanente disuelve partículas de arcilla, SiO o de CaCO3 y las vuelve a conducir a otro lugar como aglomerante. En la diagénesis se forman, por ejemplo, la piedra caliza de las conchas, la lutita o arcilla esquistosa de la arcilla, la arenisca de la arena o el carbón fósil (lignito) de restos vegetales. Aglomerante: Los aglomerantes más frecuentes de los sedimentos clásticos son las partículas de arcilla, cuarzo (SiO), óxido de hierro y carbonato de calcio (CaC03). Parte de estos aglomerantes ya existen durante la sedimentación, otros, en cambio, son esponjados posteriormente y separados por el agua que circula en los poros de los sedimentos, o son producidos por la meteorización de los minerales depositados. La vulnerabilidad al desmoramiento o la permeabilidad de una roca sedimentaria está condicionada por la cantidad y el tipo de aglomerante. |