El clima cálido de las llanuras ubicadas en la cara húmeda del Caribe es propicio para que se desarrollen selvas pluviales siempreverdes cuya enorme abundancia de especies caracteriza el piso altitudinal entre las que destacan las epífitas y la intrincada maraña de lianas. En un principio crecían en estas selvas numerosos caobos, cedros y cecropias. La vegetación de la zona del Pacífico está marcada por las temporadas de sequía. En ella aparecen bosques elevados, caducifolios y verdes en temporadas de lluvias. Bosques pluviales verdes se extienden desde la costa occidental de México hasta Panamá dependiendo del grado de humedad. En ellos escasean los sotobosques, las lianas y las epífitas. Su fisonomía exterior cambia de acuerdo con las temporadas de lluvia o sequía. Durante la temporada húmeda crece frondosamente reluciendo un verde intenso; hacia el fin de la temporada (febrero-abril) sus árboles pierden el follaje por completo. El bosque seco y verde por la lluvia se da en las zonas semiáridas de la costa del Pacífico. En él aumenta el número de plantas espinosas. Especies de Poepigia procera con sus copas en forma de sombrilla y de Piptadeina constricta dominan el paisaje, así como la Gliricidia sepium, un árbol empleado en las plantaciones de café por la generosidad de su sombra. Las formaciones de suculentas y espinos son raras en tierra caliente y están distribuidas únicamente en las inmediaciones del río Motagua. En las zonas desfavorables se extienden chaparrales. La mayoría de las formaciones caducifolias están afectadas por la acción antrópica y se han transformado en sabanas que lucen todos los grados de destrucción. De acuerdo con Lauer (1959), las sabanas naturales existentes están distribuidas únicamente en zonas extremadamente pedológicas. |