En Suramérica hay muchas sabanas, sobre todo en el altiplano brasileño, pero también en regiones más pequeñas como el Chaco oriental y la zona de Beni-Madeira. Las sabanas son corredores tropicales en donde puede crecer un cierto número de árboles y arbustos. Destaca en las sabanas la convivencia de gramíneas y plantas leñosas, dos géneros cuyas formas de vida que se excluyen normalmente. Mas esta convivencia se debe a que sus sistemas radicales son diferentes en lo relativo al equilibrio hídrico. Las gramíneas transpiran mucho, también en temporadas secas. Las puntas de las hojas marchitan y sólo el cono vegetal ubicado en el centro de un fascículo no se seca por completo gracias a los haces que ya han muerto. Pero los centros de las raíces tampoco se secan porque los protege la corteza radical. De este modo minimizan las gramíneas su consumo de agua pudiendo soportar sequías prolongadas. Estas gramíneas prefieren las regiones tropicales en donde llueve en verano. Las plantas leñosas de las sabanas emplean otra estrategia: ellas reducen la transpiración mediante sus finas fisuras que pueden cerrar cuando hay déficit de agua. Estas plantas tienen un sistema radical capaz de extenderse mucho a gran profundidad. Ellas prefieren suelos mullidos. Además de la clasificación climatológica de estas llanuras en sabanas espinosas, áridas y húmedas, hay que diferenciarlas desde puntos de vista botánico-fenomenológicos en arbóreas abiertas, gramíneas, con palmeras, y parques. Esas sabanas están condicionadas por el clima, a diferencia de las secundarias originadas por incendios, novales en grandes superficies y agricultura fracasada. Si estas regiones volvieran a ser pastoreadas, se convertirían en matorrales: la transpiración del agua se reduciría por la falta de gramíneas, el agua liberada quedaría a la disposición de las plantas leñosas. |