Los valles difieren sobremanera de acuerdo con su perfil transversal (formas de los valles). Éstas dependen de la erosión y el acarreo de material, y, éstos a su vez dependen de la energía del relieve, de las condiciones climáticas y climageomorfológicas sobre todo y del régimen de drenaje. La erosión en profundidad prevalece y se forman valles en V. Estos valles pueden ser admirados en las cordilleras del litoral chileno o en las sierras de las pampas argentinas. Si esos valles han sido moldeados por glaciares, se convierten en valles en U. Ejemplos dignos de estudio de valles en U existen en las cordilleras andinas de la Patagonia, Chile y Argentina. Los pisos típicos del relieve glaciar están separados por gargantas. Las gargantas son valles con paredes verticales incapaces de crear vaguadas pues han sido erosionados exclusivamente en profundidad. Las gargantas o desfiladeros son poco frecuentes en los Andes y en las cordilleras mesoamericanas porque la "red de corriente glaciar" formada ahí es menos plana. Por ese motivo sólo cordilleras meridionales cuentan con espectaculares gargantas. Similares desde un punto de vista formal son los cañones cuyo origen, por supuesto, no es glaciar. Con Colca, en Perú, Latinoamérica puede ufanarse de contar con el cañón más profundo del mundo. Los cañones surgen cuando los ríos separan umbrales de terrenos o montañas y la erosión en profundidad es tan intensa que pierden su fuerza de erosión lateral de manera que no pueden formarse vegas.
Típicas en gran parte de Latinoamérica —en los trópicos sobremanera— son las hondonadas de valles y las depresiones llanas en las que los ríos crean en parte diques ribereños. Ellas presentan los aspectos característicos de una formación excesiva de los valles en las superficies tropicales erosionadas abismalmente.
La forma ideal de drenaje para el perfil longitudinal corresponde a una parábola con curso ascendente empinado y descendente plano. Cada corriente tiende a adoptar este aspecto pero las formas previas, las diferencias tectónicas o minerales impiden que logre alcanzar con rapidez la forma ideal. Una preformación similar puede ser la impronta excesiva de los glaciares en un sistema de valles. Los glaciales se inclinan a moldear pisos en perfiles longitudinales. Esos pisos están separados en la actualidad por desfiladeros.
El declive empinado de las mesetas brasileñas hacia la cuenca de La Plata no sólo es producto de movimientos tectónicos sino también de grandes hundimientos de fosas intramontanas o la formación de pilares (Horsts) en las cordilleras. En la región de los antiguos escudos predomina la típica tectónica germana de los cratones, o sea, las tensiones tectónicas sólo pueden descargarse fragmentando las placas rocosas pero no plegándolas ni doblándolas. Por consiguiente, en esas regiones se encuentran a menudo pisos de relieves condicionados por la tectónica.
Los pisos en el perfil longitudinal están producidos por las diferencias de las rocas al cruzar un valle, por ejemplo, a través de una eminencia del terreno. Esas protuberancias suelen ser secundarias en Chile porque han sido formadas por metamorfosis de contacto. Corrientes de gas, agua fundida y lava calentadas excesivamente producidas por volcanes en erupción (llamados lahares) han endurecido tanto las rocas con las elevadas temperaturas que oponen una resistencia erosiva retrógrada.
Los pisos en el perfil longitudinal han originado con frecuencia las cataratas y los raudales. |