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Espacios naturales de Latinoamérica:
Desde la Tierra del Fuego hasta el Caribe
Axel Borsdorf, Carlos Dávila, Hannes Hoffert, Carmen Isabel Tinoco Rangel
Institut für Geographie der Universität Innsbruck
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 up 3 Hidrología o: Las aguas de Latinoamérica
 up 3.1 Los océanos y los mares latinoamericanos

3.1.2 Las corrientes marinas

Las corrientes marinas son movimientos de agua en el océano que perduran durante un tiempo prolongado, a diferencia de las olas y las turbulencias, y se extienden a lo largo de una región de gran tamaño. Ellas son provocadas y modifican su dirección a lo largo de los litorales por las influencias eólicas o por las fuerzas de gradientes de presión (densidad y temperatura) en el agua misma —pero también como los vientos— por la fuerza desviadora de la rotación de la Tierra (principio de coriolis).

La investigación de las corrientes marinas es importante por distintas razones: Ellas ocasionan los transportes de calor y materias y se encargan de distribuir los nutrientes (esenciales para la fauna y flora marinas) y los gases (CO2) y sustancias tóxicas. Por ese motivo despiertan el interés de los investigadores del clima y son estudiadas para describir la función de los ecosistemas.

Las corrientes marinas se clasifican en frías y cálidas. La temperatura de las corrientes —en la relación con el agua del mar vecina o a mayor profundidad y la costa aledaña —puede incidir enormemente en el clima, sobre todo en lo concerniente a las precipitaciones continentales.

El curso y la intensidad de las corrientes marinas eran y son importantes para los navegantes y han contribuido a la migración de antiguas culturas y a trazar la historia de la exploración del mundo. Corrientes fuertes como la del Golfo alcanzan velocidades de muchos m/s; las débiles dentro de un torbellino de gran espacio, por el contrario, apenas unos pocos cm/s. Por ese motivo es comprensible que las corrientes marinas no sólo están afectadas por los perfiles de las costas, sino al contrario, ellas pueden determinar la fisonomía de los litorales (acantilados, costas con perfil de equilibrio con derivas litorales).

Los primeros mapas de las corrientes marinas se fundamentaban en observaciones hechas por los navegantes. Los métodos modernos han aportado informaciones acerca de la estratificación de las corrientes de agua.

Con un mapa (compárese: Mapa de clasificación climática de Köppen) pueden retenerse con relativa facilidad en la memoria las reglas de la distribución de las corrientes marinas. Al norte del ecuador hay una corriente templada que se dirige al oeste. La regla mencionada a continuación es valedera tanto para el norte como para el sur: Los litorales occidentales de los continentes son bañados por corrientes frías y las costas orientales por aguas templadas. La excepción: Europa y Asia porque la corriente del Golfo y la del Pacífico arrastran aguas templadas de la corriente ecuatorial hacia el norte.

En Latinoamérica esto significa que: los litorales del occidente y oriente de Mesoamérica son bañados por aguas templadas que llegan hasta la bahía de Guaya, Guayaquil en el Pacífico y en el Atlántico hasta Bahía Blanca en Patagonia con la corriente de Brasil. El resto de la costa del Pacífico está supeditada a las influencias de la corriente fría de Humboldt y la costa atlántica de Patagonia meridional a la fría de las Malvinas.

Debido a la importancia del fenómeno llamado El Niño haremos una exposición más detallada de las condiciones de las corrientes en el Pacífico.

Contrariamente al significado literal de su nombre, el Pacífico es todo menos un océano »apacible«. Tres cuartos de todas las nubes de la Tierra nacen ahí, lo mismo que la mayoría de los ciclones. Las corrientes de este océano albergan gigantescas cantidades de energía; en el Pacífico aparecen también muchos Tsunamis, es decir, unas ondas originadas por procesos geológicos como terremotos o erupciones volcánicas que atraviesan el océano causando catástrofes en Asia o América. Para este fenómeno climático —cuya denominación científica correcta es »El Niño/Oscilación sur« (ENSO)— son importantes sobre todo las latitudes bajas del sur del Pacífico, o sea, la región entre las Filipinas, Indonesia y el norte de Australia en el oeste y Ecuador, Perú y el norte de Chile en el este. ¿Cuáles son las corrientes eólicas y marinas dominantes en esta región y de qué manera inciden en un evento ENSO?

Los sistemas de vientos de la Tierra están determinados sobre todo por las contradicciones meridionales de presión atmosférica, o sea, orientadas en sentido norte-sur. En las regiones aledañas al ecuador (CIT) predomina una presión atmosférica baja a la que se conecta una zona de anticiclón a unos 30° de latitud norte-sur a las que también pertenece una región de anticiclón relativamente fija al oeste de Perú similar al anticiclón de las Azores. Más al sur se halla una zona depresionaria a unos 60° de latitud norte o sur mientras que en los polos predomina a su vez un anticiclón. Entre el Ecuador y los subtrópicos sopla una corriente de aire hacia el Ecuador porque el aire intenta compensar las diferencias de presión atmosféricas. Esto corresponde con una corriente dirigida en sentido opuesto en estratos más elevados; la circulación de aire resultante se llama circulación de Hadley. Ahora la Tierra rota, como sabemos, en torno a su eje y esto genera —como en un carrusel— no sólo las fuerzas centrífugas sino también la fuerza de coriolis. Los vientos de la circulación de Hadley que soplan hacia el ecuador se vuelven entonces alisios del sureste en el hemisferio sur del planeta. Estos vientos transportan primeramente aire seco de la región anticiclónica de Perú hacia Indonesia y el norte de Australia enriqueciéndose con humedad hasta acabar precipitándose en tierra firme de Australia y Asia.

El sistema de las corrientes globales marinas es aún más complicado que el esquema (simplificado) de los sistemas eólicos. Esto atañe, entre otros, al transporte de agua fría y rica en nutrientes de las regiones polares hacia el ecuador (especialmente en las costas orientales de los océanos) y el de agua templada hacia los polos como la corriente del Golfo. La fuerza de Coriolis y el efecto alternante entre el océano y la atmósfera desempeñan, además, un papel importante, por ejemplo, en las corrientes del Atlántico y del Pacífico impulsadas por los vientos alisios. El Pacífico meridional posee en el oriente —es decir, en el litoral suramericano— una corriente fría, rica en nutrientes dirigida hacia el norte: la corriente de Humboldt. Una corriente alisia perteneciente al sistema ecuatorial va de la costa peruana hacia el noroeste llegando hasta el litoral asiático-australiano y transporta, como los vientos, calor y agua: El agua en el margen occidental del Pacífico se halla normalmente entre 50 y 60 cm por encima del nivel del mar mientras que en el margen oriental apenas llega a unos 20 cm por debajo del nivel medio del mar.

Sir Gilbert Walker, un meteréologo británico, descubrió en 1923 que las variaciones de las condiciones de presión atmosféricas en el este y el oeste del Pacífico meridional correspondían a los efectos del régimen de los vientos y al clima de esa región. En su honor, la circulación de Hadley ha recibido el nombre de Walker en esa zona. Cuando disminuye la diferencia de la presión atmosférica, se reduce también la cantidad de vientos alisios y las corrientes marinas impulsadas por ellos —al revertirse las condiciones barométricas, se invierten también las corrientes marinas. Se producen efectivamente fluctuaciones más o menos regulares de presiones atmosféricas; Walker bautizó este fenómeno con el nombre de »Southern Oscillation«. La escala para la intensidad de estas fluctuaciones es el índice de la oscilación sur (IOS) que indica la divergencia de presión atmosférica en la isla de Tahití y en la ciudad de Darwin en Australia septentrional. El índice es positivo si las condiciones climáticas son normales; si éstas, en cambio, son negativas acontece el fenómeno de El Niño pues justamente la causa de los efectos desastrosos de El Niño es la inversión del IOS. Esta conexión entre la Oscilación Sur y El Niño la plantea por primera vez el científico noruego Jacob Bjerknes, profesor de la Universidad de California.

De acuerdo con las observaciones de Bjerknes, cuando los vientos alisios se debilitan y cesan de impulsar las aguas marinas en dirección a Australia e Indonesia, se forma una corriente de agua caliente que llega al litoral suramericano al cabo de varias semanas o meses. A consecuencia de la temperatura de la corriente mueren en masa microorganismos capaces de reproducirse únicamente en aguas más frías de unos 10 °C. Esto repercute asimismo en la cadena alimenticia de los peces, de los mamíferos marítimos, de las aves marinas y en la pesca local. Los vientos occidentales, alimentados con la humedad del océano de aguas templadas, soplan a la vez hacia tierra firme desencadenando parcialmente lluvias diluviales. Además del IOS existe el índice de Niño 3 que indica las anomalías térmicas del Pacífico oriental. Luengos años de observaciones han demostrado que los índices IOS y Niño 3 están exactamente correlacionados en contrasentido: Los valores elevados del IOS corresponden con los valores bajos del índice Niño 3 y viceversa.

¿Qué sucede con las condiciones de las corrientes oceánicas y atmosféricas cuando se ha formado un evento extremo de El Niño? Debido a determinadas condiciones eólicas surgen las denominadas "ondas de Rossby" originadas por la fuerza de Coriolis las cuales, dependiendo de la latitud, alcanzan una longitud de 3.000 km aproximadamente. Cuando estas ondas se propagan en el margen occidental del Pacífico, vuelven al Pacífico oriental como ondas de Kelvin; ahí actúan en la temperatura del agua de modo que la anomalía se debilita y se revierten finalmente sus efectos. Entonces se acentúan las diferencias normales entre la presión atmosférica y la temperatura de manera que sobreviene la sequía en Sur América y en Indonesia la humedad. A este fenómeno climático que sucede al evento de El Niño se le denomina »La Niña«. . Pero La niña también desencadena ondas de Rossby que invierten de nuevo la anomalía térmica del Pacífico oriental de modo que puede pronosticarse un ciclo de intensificación y debilitamiento, o sea, de reversiones del IOS que se reflejan cualitativamente en los datos climáticos observados. El tiempo de recorrido de las ondas marinas que revierten la señal climática determina la duración de un ciclo ENSO —el enorme tamaño de la cuenca del Pacífico explica por lo tanto la duración relativamente larga de esta anomalía climática. No obstante, es inexplicable todavía por qué El Niño y La Niña sobrevienen a veces como eventos catastróficos y otras sin dejar graves secuelas.

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